El Quijote que hará reir a los niños

El profesor nominado a los Global Teacher Prize, César Bona, ha realizado una de las mejores adaptación infantiles de la que es la obra más importante de la literatura española

Leire Pérez

En vez de con «en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo, de los de lanza en astillero, adarga, antigua, rocín flaco y galgo corredor» las nuevas e increíbles aventuras de Don Quijote y Sancho Panza hidalgo comienzan con «en un lugar de la Mancha.. de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un hidalgo llamado Alonso Quijano. Llamábanle ´el Bueno´, pues tal era su carácter. Vivían con él su sobrina, el ama y un criado, y era muy amigo del barbero y del cura del pueblo» .

No es el único cambio que ha realizado César Bona (Ainzón, Zaragoza, 1972) en su adaptación del que es el libro más importante de la literatura española. Seguro que si Cervantes levantara la cabeza no se ofendería porque el objetivo no es otro que acercar la obra de Miguel de Cervantes al público infantil. El maestro zaragozano que fue nominado al Global Teacher Prize, los premios Nobel de la Educación, en 2015, ha elaborado con su particular estilo un cuento con el que busca divulgar la gran obra caballeresca a los más pequeños de la casa. Una nueva manera de entender de una forma más fácil el que sin duda es un clásico imprescindible de la literatura universal.

«Todos los niños son extraordinarios y no se trata de meterles datos en la cabeza, sino de enseñarles empatía, sensibilidad y resiliencia para que puedan salir fortalecidos de las situaciones adversas. Deben saber que si se proponen algo y luchan por ello lo conseguirán», explica el autor.

El libro mantiene el espíritu de la obra porque «cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, sino justicia». A través de quince capítulos de setenta y cuatro que forman la edición original el profesor zaragozano lleva los más pequeños de aventura. Porque según reconoce el propio maestro al comienzo del libro «Dicen que Don Quijote, de tanto leer novelas de caballerías, se volvió loco. Yo creo que de don quijotes está lleno el mundo: no de locos, no, sino de gente que da rienda suelta a su imaginación, de personas que viven intensamente, de caballeros andantes que dan un paso para mejorar el mundo, que ayudan a los seres indefensos y que luchan para defender causas justas», afirma. E incluso lanza un mensaje: «Importante es que tú, lector,distingas fantasía de realidad, más que nunca olvides la primera, pues para mí es un don conservarla».

A través de las páginas los pequeños viajarán por Toboso, conocerán a Dulcinea, montarán a Rocinante y aprenderán cómo se armó caballero en una venta que le precía un castillo. Cosas de Don Quijote. Pero además lucharán contra las injusticias y combatirán a decenas de gigantes que más bien serán molinos y que le provocarán magulladuras mientras que al lector le sacarán más de una carcajada.

Ingenio

No era de extrañar que el que es todo un referente en la educación española fuera capaz de sintetizar la esencia de la obra maestra en unas líneas. Lo suficiente para generar amor e interés por las aventuras, la vida caballeresca y por el Quijote.

Bona lleva años sorprendiendo a los alumnos y a toda la comunidad educativa con sus ideas que recuerdan a profesores como el del club de los poetas muertos. Siempre se ha mostrado a favor de escuchar a los más pequeños y contar con su opinión. Integrarlos. Y lo ha hecho en los diferentes colegios en los que ha impartido clase.

Por ejemplo, a la hora de sentarlos en islas, es decir, en grupos cuatro, a los que ha puesto nombres tan curiosos a la vez que divertidos como Lechugandia del Sur, Panizoland, Tierras Medidas de Rancia, Nueva Zapatilla y Mundo Viejuno. Da cargos a sus alumnos para que todos se sientan importantes y ha realizado en estos años proyectos tan diversos como un ´cajón de flamenco´, ´cine mudo´, ´abuelos en presente´ y ´protectora de animales´.

Sus alumnos han creado una ong virtual que sirvió para prohibir los circos con animales en un pueblo zaragozano, han elaborado un documental en los que participaron los abuelos de los niños, ha rodado una película para que dos alumnos se reconciliasen. Incluso en un colegio en el que pocos niños sabían leer aprovechó que uno de sus alumnos sabía tocar flamenco para que los demás también aprendieran y fueran a clase con más ganas.

El Correo – 15/09/2021.