San Fermín

España

Editores de la Revista Think Spanish

La revolución llega a Pamplona cada 7 de julio. Ese día empiezan las fiestas de San Fermín. Sin duda, una de las más fsmosas de España. Durante una semana, el desenfreno inunda las calles de la ciudad y ríos de vino corren de boca en boca, entre bailes y canciones populares, que no dan tregua al descanso. Las imágenes de jóvenes vestidos de blanco com sus fajas y pañuelos rojos corriendo delante de inmensos toros bravos dan la vuelta al mundo cada año, mostrando así una tradición ancestral que encoge el corazón de los telespectadores. La fama internacional de que gozan estas fiestas pamplonesas debe agradecerse, en gran medida, al escritor norteamericano Ernest Hemingway, quien en su novela The sun also rises ensalzaba estas celebraciones.

Tradición Ancestral

No obstante, las fiestas de San Fermín se celebran desde hace más de cuatrocientos años. Cuentan los historiadores que los Sanfermines sugieron de la unión de tres fiestas diferentes: las de carácter religioso en honor al santo y que existen desde la época de los romanos, las ferias comerciales y las taurinas, organizadas ambas a partir del siglo XIV. En 1591 nacieron los Sanfermines, que en su primera edición se prolongaron durante dos días y contaron con pregón, actuaciones musicales, torneo, teatro y corrida de toros. En años sucesivos, mientras las fiestas crecían en días, se fueron intercalando nuevas diversiones como los fuegos artificiales y las danzas.

Desde 1941 el pistoletazo de salida la da el chupinazo, un cohete de gran potencia que se lanza el 6 de julio a las 12 del mediodía desde el balcón del Ayuntamiento. En ese momento los pamplonicas se duchan, literalmente, con litros y litros de vino tinto, bebida también preferida durante toda la semana.

En los bares y los chiringuitos, el alcohol se vende en cantidades industriales que ayudan a mantener los ojos abiertos durante tantos días. Las sanfermineras, con letras mordaces y divertidas, son escuchadas por todas las esquinas.

El Encierro

El encierro es el momento estrella de las fiestas de San Fermín. Antes de las ocho de la mañana, hora puntual del inicio, las bandas musicales tocan por las calles para despertar a los que quieran correr o ver el emocionante espetáculo. Aunque en televisión parecen interminables, los encierros son carreras muy cortas, de unos tres minutos de duración que se corren a gran velocidad a lo largo de unos ochocientos metros. Para este reto hay que estar preparado. De hecho, los auténticos pamplonicas que se plantan delante de las bestias entrenan todo el año para ser capaces de aguantar la velocidad y la resistencia necesarias para estar delante de seis toros, ocho cabestros y tres mansos sueltos que les persiguen. Acabada la carrera, los toros llegan a la plaza para morir en apasionantes corridas.

Por desgracia, cada año hay varios heridos, e incluso muertos en algunas ocasiones, como resultado de las heridas o contusiones que sufren durante los encierros. La falta de sueño y la valentía inconsciente que da el exceso de alcohol son malos compañeros para las decenas de jóvenes que se ponen a correr delante del toro por las estrechas calles del casco antiguo de Pamplona. Los extranjeros suelen ser los peor parados posiblemente porque la falta de información y el desconocimiento del español les hacen no prestar atención a las indicaciones y advertencias que los organizadores transmiten a los asistentes.

Y así, entre cabezadas en parques, plazas y portales, borracheras y mucha, mucha juerga transcurren los sanfermines hasta que el día 14, a las 12 de la medianoche, llegan oficialmente a su fin. Es el momento de cantar el “¡Pobre de mí!“, quitarse el pañuelo del cuello y encender velas en señal de tristeza, no sin antes alegrarse de que ya falta menos para las fiestas del año que viene.

En Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011. (Trad. Isabella Nogueira).

¡Viva San Fermín!. Gora San Fermín!… ¡Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín!