Acertijo lingüístico: ¿qué palabra en español existe y se puede pronunciar, pero no se puede escribir?

Acertijo lingüístico: ¿qué palabra en español existe y se puede pronunciar, pero no se puede escribir?
Es una de las mayores curiosidades que esconde el español o castellano, de muy difícil solución. Te contamos cuál es el término

iProfesional | Actualidad | 15.09.2021

Una de las mayores curiosidades que esconde el español o castellano supone casi una especie de acertijo lingüístico de difícil solución: ¿qué palabra de la lengua española se puede pronunciar y, sin embargo, no se puede escribir?

Se trata de un caso real, reconocido por la propia RAE y la Fundéu (Fundación del Español Urgente), y supone “una excepción en el sistema ortográfico insólita e inexistente en otras lenguas”.

En cierta forma, tanto el español como el castellano están llenos de curiosidades. Como lengua viva, cambia con el tiempo, se adapta al uso de la sociedad, evoluciona y sorprende, incluso a los hispanoparlantes. Estos rondan el medio millón de personas, lo que convierte al español en uno de los idiomas más hablados del mundo, en constante competencia con otros como el chino, el inglés o el hindi.

Un acertijo difícil de resolver: la palabra que se dice pero no se escribe.
Un acertijo difícil de resolver: la palabra que se dice pero no se escribe.

Esto da lugar a una amplia variedad en el uso del español -también a errores al utilizarlo-, que sorprende cada año con nuevos términos añadidos por la RAE (Real Academia Española) al diccionario: en los últimos años la Academia ha aceptado palabras como ‘zasca’, ‘aniridia’, ‘ponqué’, ‘veragua’, ‘coronavirus’, ‘cuarentenar’ y ‘emoji’, entre muchas otras.

Una de las mayores curiosidades que esconde el español o castellano va mucho más allá, y supone casi una especie de acertijo lingüístico de difícil solución: ¿qué palabra de la lengua española -que sí existe- se puede pronunciar y, sin embargo, no se puede escribir?

La palabra en español que se puede decir, pero que no es posible escribir, según las actuales normas ortográficas es el imperativo de ‘salirle’, es decir, cuando la forma verbal ‘sal’ del verbo ‘salir’ se combina con el pronombre enclítico ‘le’.

Este ‘sal’ + ‘le’, que sí se puede pronunciar (“sal-le al paso”), no se puede escribir por dos motivos: por un lado, si se escribiese junto formaría la palabra ‘salle’, que se pronuncia diferente por tener la ‘ll’; por otro, las normas actuales no permiten el uso del guion.

“Ha sido costumbre desde hace mucho la intercalación de un guion” para formar sal-le. “No obstante, las Academias de la Lengua decidieron en la Ortografía del 2010 negar validez al uso del guion, sin ofrecer alternativas, por lo que esta palabra según las actuales normas no se puede escribir”, explica Wikilengua del español, portal con el apoyo de Efe y Fundéu.

La RAE y las deliberaciones del español y castellano.
La RAE y las deliberaciones del español y castellano.

De esta forma, prosigue, “se introduce una excepción en el sistema ortográfico insólita e inexistente en otras lenguas: la de una palabra que no se puede escribir”. 

“Este sería el único caso en el que aparecerían dentro de una palabra española dos eles contiguas, cada una de ellas perteneciente a una sílaba diferente, secuencia fónica cuya representación se halla bloqueada en nuestro sistema gráfico, puesto que concurriría con el dígrafo ll, que solo admite interpretarse como el fonema palatal lateral sonoro /ʎ/ —o, más comúnmente, debido al fenómeno del yeísmo, el palatal central sonoro /y/—”, analiza por su parte la RAE.

“Así pues, nuestro sistema ortográfico no cuenta con recursos para representar la secuencia fónica consistente en la articulación de dos eles seguidas dentro de una palabra, lo que en español resulta, por otra parte, absolutamente excepcional; las grafías salle al encuentro o sal·le al encuentro no se consideran, pues, correctas”, añade la Academia.

¿Cuál es la solución, entonces? La RAE solo propone alternativas que no impliquen el uso de esta palabra, como “sal al encuentro a esta persona”, “sal a su encuentro”, “hay que salir al encuentro de…”, etc.

“Lo natural es que, en su lugar, se generen expresiones en las que el pronombre de dativo se sustituye por el sintagma correspondiente (o, incluso, por un posesivo: sal a su encuentro) o en las que el verbo salir aparece en infinitivo como núcleo de una perífrasis modal de obligación (tener que + infinitivo; deber + infinitivo; haber de + infinitivo; la impersonal haber que + infinitivo)”, plantea.

iProfesional | Actualidad | 15.09.2021

Nueva escritura – La muerte de la coma

Klaus Lüber*

Los signos de puntuación se inventaron para hacer más legibles los textos.
Los signos de puntuación se inventaron para hacer más legibles los textos. | © chorniy10 – Fotolia.com

SMS, chats, posts: una nueva forma de escritura se está imponiendo en nuestra vida diaria. La ortografía y la puntuación son cada vez menos importantes. Esto no deja de plantear algunos problemas, opina el asesor de escritura y periodista Markus Reiter.

Markus Reiter | © Markus Reiter

Markus Reiter es asesor de escritura y periodista. Fue redactor del suplemento cultural del Frankfurter Allgemeinen Zeitung y escribe libros sobre cultura, lenguaje, neurocienciencas y comunicación.

Señor Reiter, ¿qué piensa usted como asesor de escritura y antiguo redactor de periódico cuando lee los mensajes de texto o los chats?

Lo entiendo como un lenguaje para un grupo de entendidos, como un sociolecto escritural. Si, por ejemplo, miro lo que escriben los chicos de catorce años en WhatsApp, tengo que buscar el significado de muchas abreviaturas.

¿Le parece grave?

No, en principio no. Los jóvenes siempre han intentado distinguirse de los adultos hablando de un modo propio. El lenguaje no sólo sirve para comunicarse, sino también para delimitar. Es otra cosa la que me preocupa de los modernos modos de escritura.

Me llama la atención que muchos autores –es decir, no sólo jóvenes en el chat, sino también escritores profesionales– tienen una actitud cada vez más laxa respecto al texto. Casi parece que se ha incorporado a textos más largos cierta manera de escribir propia de la redacción de mensajes breves. Esto puede verse, por ejemplo, en la desaparición de la coma.

¿Y cuál sería el problema?

Si la coma desaparece en mensajes de WhatsApp no es ninguna catástrofe. Pero es un problema cuando sucede en textos más largos, que aspiran a transmitir al lector pensamientos más complejos, es, decir algo más que informar qué acabamos de almorzar. Los signos de puntuación se inventaron por un buen motivo: para estructurar las frases en segmentos de sentido y así hacer los textos más legibles.

¿REGRESO DE LA ORALIDAD?

¿Desde cuándo se usan los puntos y las comas?

En la temprana Edad Media todavía no se utilizaba ningún signo de puntuación. Ni siquiera se tomaban la molestia de separar las palabras mediantes espacios en blanco. Fue a lo largo del siglo XII que los escribas de los monasterios comenzaron a separar gráficamente las unidades gramaticales, por ejemplo, la oración subordinada y la principal. Se dieron cuenta de que así era mucho más fácil leer.

Y esto tiene que ver con el modo en que nuestro cerebro procesa los textos. La investigación ha mostrado que para los conceptos recurrentes tenemos archivadas imágenes verbales que comparamos con lo que leemos. Si las imágenes coinciden, podremos comprender rápidamente; si no, tendremos dificultades.

¿Podríamos decir entonces que estamos viviendo una especie de retorno a un oralidad textual que por buenas razones hemos abandonado hace tiempo?

Aquí es preciso hacer una diferenciación. En sí acercar la escritura a la lengua hablada es una evolución absolutamente positiva. Por lo general, si intentamos escribir como hablamos, los textos se vuelven más comprensibles. En el mundo anglosajón hay una maravillosa tradición de enriquecer textos científicos con elementos narrativos. Pero esta práctica constituye un arte difícil que a su vez presupone un duro trabajo en el texto.

La otra forma de oralidad escrita se caracteriza, sin embargo, por el poco esfuerzo que se realiza al escribir. Quien piense que puede escribir un texto para el gran público igual que como se redacta un espontáneo posteo de Facebook para sus amigos no tiene idea del esfuerzo que le estará imponiendo a sus lectores.

En el fondo lo ideal sería dominar las dos cosas: el código del grupo de pares y los estándares de un lenguaje comprensible para todos.

Lamentablemente, en mis seminarios veo una y otra vez que para muchos es muy difícil pasar de un código a otro. Si usted le pide a expertos de mercadeo o tecnología informática que vuelvan su código más comprensible para los de afuera, en muchos casos no sabrán hacerlo. A menudo sólo ahí se toma consciencia de hasta qué punto ese modo de expresión se caracteriza por ocultar las imprecisiones con expresiones grandilocuentes El mismo problema existe también en la comunicación interna en las empresas.

A menudo me dicen: “Mi jefe me manda siempre correos incomprensibles y después tenemos que tratar de descifrar qué es lo que nos está pidiendo”. Esto no sólo es una falta de respeto para con los colaboradores, también cuesta tiempo.

LA ESCRITURA COMO PROYECTO DE ÉLITE

¿Cómo cree que evolucionará nuestro modo de escribir?

Es difícil decirlo porque el lenguaje esta sometido a un gran dinamismo. Tal vez la forma escrita vuelva a ser un proyecto de élite. Lo fue alguna vez y, según mi parecer, no es imposible que el campo de lo escrito vuelva a ser un dominio de expertos. Muchas personas leerán cada vez menos pero escucharán más y verán más videos. Ya hoy no es necesario poseer tanta competencia de lecto-escritura como antes.

¿Pero no se señala siempre que las jóvenes generaciones escriben más?

Es cierto, pero la cuestión es qué desarrollo experimentarán los formatos que plantean una comunicación sin texto. Tomemos el caso de Vine, un sistema para enviar videos de cortísima duración. O la aplicación Snapchat, cuyo funcionamiento se basa en el envío de fotos. O el manejo remoto de aparatos mediante la voz. Quizás experimentemos cada vez más un uso oral del lenguaje que, si se pone por escrito, se revele como una especie de oralidad escrita.

*Klaus Lüber es especialista en estudios culturales y medios. Escribe, entre otros, para los periódicos Süddeutsche Zeitung, Die Zeit y Die Welt.

Goethe Institut

La RAE pide que la Ley Celaá “no ponga en peligro el uso del español en ningún territorio del Estado”

Antonio Lucas

La Academia expresa su preocupación por que la nueva norma educativa “promueva obstáculos para que los ciudadanos puedan ser educados en su lengua materna”.

El director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, durante un acto. (Javi Martínez)

Ni tan de perfil ni tan de frente. La Real Academia Española (RAE), que dirige Santiago Muñoz Machado, invocó ayer la Constitución para emitir un comunicado suave, pero animado de advertencias contra la llamada Ley Celaá. En una nota consensuada por el pleno de los académicos, la institución pide al Gobierno que asegure “la protección que el artículo 3 de la Constitución dispensa al español como lengua oficial del Estado que todos los españoles tienen el deber de conocer y el derecho de usar“.

En dicho comunicado, los miembros de la RAE expresan que “su preocupación principal es que el futuro texto legal no ponga en cuestión el uso del español en ningún territorio del Estado ni promueva obstáculos para que los ciudadanos puedan ser educados en su lengua materna y accedan a través de ella a la ciencia, a la cultura, o, en general, a los múltiples desarrollos del pensamiento que implica la labor educativa”.

El texto es una primera puesta de largo en el asunto de que el español pueda verse aún más menguado como lengua en el ámbito educativo por parte de algunas comunidades. Un asunto que genera inquietud en algunos académicos, como señalaron a este periódico el miércoles. «Formamos parte de una comunidad cultural que integran cerca de 600 millones de personas con capacidad para utilizar el español y más de 485 millones que lo tienen como lengua materna. Esta circunstancia convierte nuestra lengua en un bien de valor incalculable que es patrimonio común de las naciones y los pueblos que lo usan como lengua de comunicación y de enseñanza, y obliga a todos los Gobiernos, especialmente el de España, a garantizar su conocimiento».

Esta última frase es una firme advertencia. La fuerza normativa de la RAE se apoya exclusivamente en la difusión del buen uso de las reglas, pero el valor moral de sus observaciones con respecto al idioma sí tiene un peso específico. Es ahora cuando la autoridad de la institución puede hacer que el debate ante la nueva Ley Orgánica de Educación aprobada ayer en el Congreso no sea sólo una cuestión estética. La institución es también un órgano consultivo al que los distintos Gobiernos ha recurrido en alguna ocasión. La última tensión que mantuvo con el actual Ejecutivo tuvo enfrente a la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, a cuenta del informe de la RAE contrario a adaptar la Constitución al lenguaje inclusivo, aprobado también por unanimidad del pleno de académicos.

La Real Academia Española carece de competencias para pronunciarse sobre problemas de constitucionalidad, pero se ofrece para el asesoramiento en esta y otras cuestiones. “Dada la importancia que tiene para nuestra nación el español como lengua oficial, y los deberes de protección que la Constitución impone, la RAE, sin perjuicio del análisis crítico final que en su caso proceda, se pone a disposición del Gobierno y del legislador para prestar el asesoramiento que se considere necesario“.

Por su parte, la ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, ha manifestado en una entrevista a la Cadena Ser que atiende “con todo el respeto” la disposición de la Real Academia Española para “asesorar” durante la tramitación la Ley Orgánica de Educación, y ha recordado que en la misma está «perfectamente cumplimentado» el castellano como lengua oficial del Estado.

A su juicio, no hay «ninguna ley» que haya precedido a la suya que incorpore la expresión “las administraciones educativas garantizan el derecho de todos los alumnos a estudiar en castellano y en sus lenguas cooficiales: se dice que tiene que cumplir unos objetivos y tener dominio pleno (…). Y dice que los centros educativos tendrán que establecer medidas compensatorias. Esto es garantista“, ha explicado Celaá.

También ha recordado que el término «vehicular» apareció en el año 2013 con la conocida como Ley Wert. “No existía en ninguna ley; sin embargo, el castellano era vehicular”, ha aclarado la titular de Educación, quien recuerda que se eliminó el polémico término en las Cortes Generales tras ser «dialogado y acordado. Y resalto este último término porque al acuerdo le damos más importancia». La RAE vigila.

El Mundo (20-11-2020)

Santiago Muñoz Machado: “lo de la expresión ‘nueva normalidad’ es una tontería”

Ingresó en la Real Academia Española en 2012, ocupando el sillón que dejó vacante Antonio Mingote. Y en enero de 2019, este jurista especializado en Derecho Administrativo y Constitucional y nacido en Pozoblanco se convirtió en presidente de la RAE.

Pregunta.-El mejor verano de Santiago Muñoz Machado…

Respuesta.- No tengo uno especial, guardo buen recuerdo de todos. Son épocas de descanso, aunque yo tengo la mala costumbre de no tomar vacaciones como tales: siempre estoy con libros en las manos, procurando recuperar el tiempo no encontrado durante el resto del año.

P.- ¿Asín que este verano usted no se arrascará la barriga? Perdón por los vulgarismos, pero la RAE acepta tanto ‘asín’ como ‘arrascarse’…

R.- Efectivamente, no me voy a rascar la barriga, voy a estar trabajando.

P.- ¿El lenguaje es un arma cargada de política?

R.- El lenguaje ha sido muy neutral políticamente siempre. Pero con el constitucionalismo, a partir de la Constitución de 1812, se convirtió a la política.

P.- ¿Por qué hay tantas polémicas con la RAE?

R.- La RAE no genera polémicas. La RAE trabaja todos los días muy silenciosamente. Cuando una institución es muy relevante y tiene mucha autoridad, es muy gustoso criticarla. Y la RAE está nada menos que en medio de la regulación de la lengua. Pero no somos el lugar de la polémica.

P.- Pues con lo del lenguaje inclusivo hay bastante polémica…

R.- Hay gente que se cree que la RAE inventa la manera de hablar y nos piden que digamos que, en lo sucesivo, quien esté en un bar con los amigos hable de todos y de todas, de niños y de niñas, que multiplique todas las palabras para usar el masculino y el femenino. Pero la RAE no se inventa la lengua, simplemente toma nota de cómo habla la gente.

P.- Pues la mayoría de los políticos ya desdoblan todo en femenino y masculino…

R.- No, es una imagen falsa. El discurso de un político suele comenzar con ‘Señoras y señores’. Y luego suele seguir con un ‘todas y todos’. Empieza usando el desdoblamiento, pero a lo largo del discurso lo va abandonando. Mantenerlo es muy aburrido y difícil. Una de las fórmulas de lenguaje inclusivo que se está usando en algunos países, en Argentina por ejemplo, es la terminación ‘e’. ‘Todes’ en lugar de todos y todas.

P.- ¿Y qué le parece?

R.- Complicado. De niños jugábamos a Cuando Fernando VII usaba paletó, una canción en la que se van cambiando las vocales. Pero para expresarse en serio así hace falta adiestramiento. Y la gente no está para adiestrarse en eso.

P.- Algunos acusan a la RAE de ser machista por cosas como haber mantenido hasta hace poco la expresión ‘sexo débil’ como sinónimo de ‘mujer’.

R.- La Academia no es machista, qué tontería. No conozco a ningún académico que sea machista. Lo que hay son restos, principalmente en el diccionario, de expresiones antiguas que hoy se consideran machistas. Muchas definiciones de oficios y profesiones empezaban diciendo ‘hombre que’. Alfarero, por ejemplo, era el ‘hombre que se dedica a la alfarería’. Eso se ha ido corrigiendo, pero esas expresiones forman parte de la historia y hay que reconocerlas así. Hemos hecho un esfuerzo por rectificar muchísimas, pero quedan algunas.

P.- ¿La RAE está al día?

R.- Los que creen que la Academia actúa con criterios anticuados o que es muy resistente al cambio no saben la seriedad con que esta casa se toma la incorporación de palabras nuevas. Cualquiera puede solicitar la incorporación de una nueva palabra o un cambio de definición y la Academia lo estudia. Las autoridades japonesas han pedido, por ejemplo, a la RAE que no defina ‘kamikaze’ como ‘suicida’ sino como ‘soldado honorable’. Pero la hemos mantenido porque mucha gente utiliza ‘kamikaze’ en sentido de suicida.

P.- Una de las decisiones más contestadas de la RAE ha sido la de eliminar la tilde al adverbio ‘solo’. No hace mucho, en un periódico se leía el titular ‘Pedro Sánchez acudirá solo al debate a cuatro de TVE’, y no quedaba claro si iba a acudir únicamente a ese debate o si iba a ir él solito.

R.- Sí, yo también lo vi, está bien traído el ejemplo. La decisión de no usar la tilde en ‘solo’, que no es una resolución del pleno de la Academia sino una recomendación, es una cuestión polémica, incluso dentro de la RAE. Algunos académicos siguen utilizando la tilde, y la RAE, por supuesto, no les ha reprobado por ello, porque es sólo una recomendación.

P.- ¿Usted le pone tilde a ‘solo’ cuando es adverbio?

R.- Yo lo pondría, la verdad. Pero casi todo lo que escribo pasa por manos de correctores, y éstos me quitan las tildes del adverbio ‘sólo’ de un modo absolutamente intransigente. Y tengo que aceptarlo.

P.- Usted, que es jurista y presidente de la RAE, ¿qué considera más correcto en el tema de Cataluña: hablar de constitucionalistas y anticonstitucionalistas o de soberanistas e independentistas?

R.- Para mi gusto, esto último. Constitucionalistas son también los independentistas: lo que quieren es tener una Constitución propia distinta de la española.

P.- ¿Qué tal hablan los políticos?

R.- Hay de todo entre nuestros políticos. No está mal la media. Quizás se nota últimamente que el lenguaje está tendiendo a ser más chabacano. Creo que a los españoles nos ha avergonzado la contemplación de los debates en nuestro Parlamento durante el estado de alarma por la pandemia, hemos asistido a unas diatribas verdaderamente barriobajeras, sin ningún contenido sustancial y basadas en la desconsideración y el insulto.

P.- Hablando de la actual pandemia, ¿esto de la ‘nueva normalidad’ es un oxímoron?

R.- Es una tontería. Es la misma normalidad de siempre con reglas renovadas.

P.- ¿Qué palabra hace que le chirríen los oídos al escucharla?

R.- No sabría decirle. Pero sí le diré que la palabra que me gusta más es ‘tolerancia’.

El Mundo 28.08.2020

Castellano o Español

Español o Castellano

Manuel Seco

Originalmente, castellano es la variedad románica, proveniente del latín, hablada en Castilla (región de castillos) en tiempos medievales, que se esparce por la Península Ibérica hasta convertirse en lengua oficial de España. Y por ser lengua oficial de España, se designa también español.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que en España se hablan otras lenguas: el catalán, en Cataluña; el gallego, en Galicia; el vascuence, en el País Vasco y el valenciano (variedad del catalán), en Valencia. Y en todas ellas también el castellano o español. Se trata, por tanto, de comunidades bilingües. Y porque los habitantes de esas comunidades entienden que su idioma de raíz es también español, es decir, pertenece a España, prefieren el nombre castellano para designar la lengua oficial. En las demás regiones, no existe esta polémica.

En Hispanoamérica también se manifestó preferencia por el término castellano, tal vez por sentimiento patriótico, al ver en el nombre español una relación estrecha con el colonizador. Pero en la práctica, de un modo general los hispanoamericanos no plantean dificultad en aceptar las palabras castellano y español como sinónimos.

(Diccionario de dudas y dificultades de la Lengua Española. Madrid: Espasa, 2007)